Tratando los tratamientos contra COVID-19

Esta semana tuvimos noticias importantes en el frente de los tratamientos contra COVID-19. Noticias excelentes y urgentes. Y es que sin duda necesitamos ambos frentes, seguir con la prevención aplicando las maravillosas vacunas con las que se han evitado miles de más muertos y con las que brazo a brazo terminaremos con la pandemia. Pero debido a que ninguna medida es 100% efectiva, razón por la cual debemos hacer varias a la vez para disminuir nuestro riesgo de contagios, es también urgente y necesario tener tratamientos para ayudar a quienes se enferman de COVID-19. Requerimos prevenir pero también curar.


Desde un inicio de la pandemia se trató de reposicionar medicamentos que ya teníamos en el botiquín para aliviar a las personas con COVID-19. Recordemos en los primeros meses las compras de pánico por la hidroxicloroquina, que al poco tiempo demostró no tener beneficios para resolver la enfermedad pero que si hizo que personas que la necesitaban para tratar enfermedades como lupus no la encontraran por ningún lado. O casos como los de la polémica ivermectina que sí interrumpe la replicación del virus en cultivos de laboratorio, in vitro, pero que requeriría dosis que serían tóxicas para funcionar de esta misma forma en humanos. Razón por la cual los estudios clínicos entorno a ella han demostrado que es inocua frente a COVID-19, pero que ha causado daño en algunas personas que siendo víctimas de la desinformación se auto medican con este anti parasitario.


Nadie niega que hubiera sido ideal que algún medicamento ya conocido por todos y disponible en las farmacias de todo el mundo sirviera ante la crisis mundial. Así como cuando durante la epidemia de Influenza en 2009 se reposicionó el Tamiflu y junto con la vacunación y las estrategias no medicamentosas como el aislamiento se detuvo la progresión del virus.


Pero hasta ahora, y a tantos meses de pandemia solo se ha reposicionado la dexametasona, una cortisona que ha sido autorizada para uso en pacientes con COVID-19 grave o severo y que se recomienda dar bajo supervisión médica porque podría complicar casos y ser contraproducente si se receta en las etapas tempranas de la enfermedad. Ojo con eso. Pero el mensaje central es que los científicos tuvieron que emprender la búsqueda por moléculas nuevas, aún no conocidas y quizás nunca antes sintetizadas para servir de antivirales porque los que teníamos no pudimos usarlos. No servían contra este nuevo coronavirus. Había que desarrollarlas.


Por ello tuvimos antes las vacunas, la producción de vacunas usó plataformas ya conocidas y desarrollados y su agilidad para responder a la emergencia fue evidente. Reorientaron sus esfuerzos con gran asertividad. Sin embargo con el diseño de nuevos medicamentos el tiempo ha sido mayor, la espera más larga, pero al parecer estamos ya por tenerlas a la luz. Había que encontrar la molécula correcta, verificar que fuera estable, demostrar que no era dañina, hallar su dosis perfecta, definir la mejor vía de administración, analizar su interacción con el cuerpo humano y entonces sí, ver si funciona en personas con COVID-19. Un proceso meticuloso y riguroso pero que está comenzando a dar frutos.


Pero para comprender mejor los tratamientos recordemos primero que COVID-19 es una enfermedad que tiene dos etapas en su fase aguda. La primera es la etapa viral, y sucede al principio, cuando el virus esta infectando las células y replicándose para ser más. En esta fase es necesario tener medicamentos antivirales, cuyo objetivo es bloquear la entrada del virus a las células (como los anticuerpos monoclonales) o bien detener su multiplicación (como los antivirales análogos de nucleótidos).


En este sentido, para la etapa viral, solamente tenemos al Remdesivir de Gilead Sciences que sin duda ha sido sumamente útil pero que tiene una gran desventaja: su administración es intravenosa. ¿Por qué es desventaja? Pues porque como expliqué es un medicamento que hay que dar los primeros días de la enfermedad, porque su mecanismo de acción es bloqueando la replicación del virus (engañando a la enzima copiadora con un análogo de nucleótido) durante la etapa viral y pues generalmente las personas esos días están en sus casas, no en un hospital donde les pudieran dar este antiviral por vía venosa. Y tenemos también el Regeneron, un coctel de anticuerpos monoclonales que se pegan al virus y bloquean su entrada a las células pero con la misma limitante. Que es intravenoso. Claro que también está la restricción de su autorización en México, tema que evidentemente limita el acceso, y sus altos costos. Pero quedándonos en el análisis de la cuestión técnica, la gran restricción del Remdesivir y del Regeneron son su vía de administración. Intravenosa en una etapa en que las personas no están en los centros hospitalarios. Por ello es que se han dado a personas de alto riesgo que se contagian o bien demasiado tarde cuando las personas ya están en el hospital y el medicamento tiene ya poco que hacer.


La segunda etapa de la fase aguda de COVID-19, luego de la etapa viral, es la etapa inflamatoria, y sucede por la reacción violenta que en algunas personas el cuerpo, el sistema inmune tiene frente a la invasión viral. En esta etapa es cuando podríamos ver el descenso en la oxigenación causada primordialmente por la famosa “tormenta de citosinas”, y las complicaciones en aproximadamente 2 de cada 10 enfermos de COVID-19. Y es justo es en esta etapa en que podría usarse la dexametasona, este medicamento antiinflamatorio que ya mencioné, de la familia de las cortisonas, que mereció a sus descubridores el Premio Nobel y comenzó a producirse en los años 1950´s por Merck.


Y pues bien, la grandiosa noticia de esta semana es que precisamente Merck ha pedido la autorización para uso de emergencia a la agencia americana regulatoria sanitaria, la FDA, de sus cápsulas de Molnupiravir luego de que demostró reducir en 50% el riesgo de hospitalización y de morir por COVID-19 en sus estudios de fase 3. Fantástico, un antiviral cuya vía de administración es la oral. En su estudio clínico multicentro, en que México fue uno de los que participó, se encontró que este régimen de 4 cápsulas dos veces al día por 5 días administrado justo cuando inician los síntomas de COVID-19, es decir durante le etapa viral, evita la complicación de los casos. La mayoría de los 775 voluntarios del estudio tenían alguna comorbilidad como obesidad, diabetes, problemas de corazón o ser mayores de 60 años, y además, en los casos en que se secuenció el virus se encontró que este medicamento funcionó frente a las variantes Delta, Mu y Gamma. Una noticia extraordinaria que acompaña la grandiosidad de que Merck está produciéndola aún sin tener la certeza sobre su autorización, con la idea de tener 1.7 millones de dosis, de aproximadamente cada régimen a $700 dólares por paciente, en cuanto quede autorizada.


Este antiviral funciona como los antivirales que diseñó en los 50´s la química judía americana y ganadora del Premio Nobel Gerture Ellion, por su creativo diseño usando análogos de nucleótidos para engañar a la enzima copiadora de virus, como el Aciclovir. Lo que hace es meter errores durante la replicación viral haciendo un bulto molecular estorboso que de alguna forma “atasca” a la fotocopiadora.


Y por otro lado, AstraZeneca también en estos días aplicó para la autorización para uso de emergencia de su coctel de anticuerpos monoclonales cuya posible ventaja es que funciona como tapones bloqueando la entrada de los virus a las células pero que lo hace por aproximadamente 12 meses, siendo de larga duración. Esto sería un tratamiento profilaxis para personas con inmunosupresión y que no montaron una respuesta inmunológica luego de las vacunas y para las cuales estos anticuerpos sintéticos podrían servir evitando la infección. En su fase3, este medicamento AZD7442 que combina el anticuerpo monoclonal tixagevimab con cilgamivab, mostró reducir en 77% el riesgo de tener COVID-19 sintomático en 9,000 voluntarios en que la mayoría tenía alguna comorbilidad. Y respecto a las variantes, resultó proteger al menos frente a Mu y Delta.


Dos otros medicamentos que están en fases finales clínicas 2/3, pero aún no han terminado de estudiar sus productos están Pfizer, con un antiviral oral que también interrumpe la replicación y que por su vía de administración oral podría también ser una gran solución, y Roche, con otro coctel de anticuerpos monoclonales que aún está en estudio en pacientes hospitalizados por ser de administración intravenosa.


Esperemos buenas noticias de la FDA frente a la propuesta de AstraZeneca que ayudaría a reforzar la prevención en personas de alto riesgo y sin duda las cápsulas de Merck que ayudarían a parar la progresión de COVID-19 en quienes se contagian.


Mientras tanto, y a pesar de ser autorizadas, debemos continuar con la vacunación. Una acción no sustituye a la otra, al contrario se complementan. Termino el texto como empecé: requerimos ambos frentes. Prevenir y minimizar riesgo de contagio con las vacunas, uso de cubrebocas, ventilación, distancia,… pero también tener estrategias diversas y útiles para que los médicos ayuden a sus pacientes.








34 vistas0 comentarios