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Lo que la genética dice del los judíos ashkenazim


Hace unos días, en una de las revistas científicas de mayor prestigio, Cell, un equipo de científicos liderados por la Profesora Shamam Waldman de la Universidad Hebrea de Jerusalem publicó uno de los mayores estudios de los judíos en la época medieval desde la perspectiva genética.


Respetando las leyes de la liturgia judía, los científicos obtuvieron autorización de autoridades rabínicas para realizar el estudio genético en los dientes desprendidos de 38 cadáveres que habían sido exhumados por los trabajaos de una reciente construcción en la ciudad de Érfurt, Alemania, justamente en el sitio donde se hallaba un cementerio judío del siglo 14.


Lo que el estudio encontró es que a pesar de compartir ancestros, la diversidad genética de los judíos ashkenazim modernos es menor a la que tenían los judíos ashkenazim de la época medieval del centro de Alemania, cuyos orígenes integraban procedencias de Medio Oriente y otras partes de Europa. Es decir dos judíos ashkenazim hoy son más similares –genéticamente- que dos judíos de Érfur durante la Edad Media. Sin embargo la gran similitud genética entre los judíos ashkenazim modernos y los medievales que fueron estudiados, incluyen las mismas variantes compartidas de enfermedades genéticas características de los judíos ashkenazim, y sugiere que a través de las aproximadamente 20-25 generaciones que las separa, la relación ha sido mayoritariamente endogámica, de cada vez más casamientos entre el mismo grupo. Las enfermedades genéticas características a este grupo humano se han portado desde entonces incrementando el riesgo de que se presenten en sus descendientes.



Según datos históricos, el 21 de marzo de 1349 la ciudad de Érfurt sufrió un violento progrom que hizo que por un lapso de 5 años se interrumpiera por completo la presencia judía en esta ciudad, sin embargo a partir del establecimiento de la segunda comunidad en Érfurt en 1354 la vida judía prosperó formando una de las comunidades más importantes de Alemania. Los restos examinados por el grupo de científicos procedentes de la Universidad de Harvard, Shaare Zedek en Israel, Max Planck en Alemania, entre otros, muestran que estas personas vivieron entre los años 1270 y 1400 por lo que no pudieron distinguir si fueron parte de la primera o segunda etapa judía de la ciudad. A pesar de ello los investigadores lograron determinar que la mayoría de ellos pertenecían a dos familias distintas, que sus edades iban entre 5 y 60 años, y aunque no hallaron rastros de la bacteria responsable de la Peste Negra sólo pudieron determinar la causa de muerte de una de las personas adultas.


Al comparar los genomas de los judíos ashkenazim en Érfurt con las bibliotecas genómicas actuales, los autores encontraron dos subgrupos, uno más afín a orígenes del este de Europa (posiblemente de Moravia, Silesia, Bohemia, Turquía, Rusia, Italia) y otro más cercano a judíos del Medio Oriente (quizás Beduinos, Jordanos, Egipcios, Saudís, Libaneses, Sirios), aunque a partir del siglo 16 la composición genética ashkenazi se ha mantenido constante. Aunado a esto, los investigadores analizaron los isótopos de oxígeno y carbono en el esmalte de los dientes confirmando que estas personas no habían sido migrantes, y aunque genéticamente mostraban cierta heterogeneidad y sus ancestros sí habían tenido orígenes distintos, las personas estudiadas no habían estado temporal o culturalmente segregadas, celebraban sus rituales, costumbres y tradiciones juntos. Finalmente estaban enterrados en la misma zona del mismo cementerio.


La similitud genética entre los judíos ashkenazim medievales y los modernos, a pesar de que vivieron con 600-700 años de separación, demuestra el alto nivel de endogamia que ha existido durante este largo periodo, donde haciendo un modelo hipotético los investigadores encontraron que en todos estos siglos solamente el 2-4% del material genético ha sido reemplazado; a un ritmo de 0.2% por generación. Este hallazgo, aunado a los linajes del ADN mitocondrial extraídos de Érfurt, a la alta consanguinidad entre ellos y a la consistencia en las variantes patogénicas descritas, sugiere que los judíos ashkenazim tuvieron hace aproximadamente 1,500 años un evento fundador común, drástico, que los autores denominan “cuello de botella” y que limitó el tamaño y también la diversidad de la población judía ashkenazi.


Utilizando el ADN mitocondrial extraído de los dientes de los judíos ashkenazi de Érfurt, los científicos encontraron las mismas variantes patogénicas de enfermedades características de las comunidades judías ashkenazi modernas, y que en su mayoría son analizadas en cuatro paneles hoy usados en estudios de pre-concepción. Los judíos ashkenazim medievales también eran portadores de Retinitis Pigmentosa 59, Enfermedad de Gaucher, Síndrome de Usher, Deficiencias de Factor IX de coagulación, Fibrosis Quística, Enfermedad de Parkinson, Deficiencia de ACoA deshidrogenasa, Fiebre Familiar del Mediterráneo, Enfermedad de almacenamiento de Glicógeno y predisposición a cáncer de ovarios/mama por BRCA1.


Así, comparando bases de datos genómicas de judíos ashkenazim modernos con lo hallado en ADN de la época medieval se confirma un origen judío ashkenazi común y una relación ancestral cercana entre estos dos grupos humanos separados por aproximadamente 7 siglos. Siendo que los judíos de la Edad Media de Érfurt tenían mayor enriquecimiento genético, que los judíos ashkenazim actuales, confirmado por las cercanías genéticas halladas a grupos que hoy considerados judíos sefaradíes y del occidente de Europa. Sin embargo llama la atención no sólo la consistencia en ciertos marcadores como las variantes patogénicas de las enfermedades ya enumeradas, sino también es fundamental subrayar la disminución en la variabilidad genética que los judíos ashkenazim han tenido a través del tiempo, siendo evidencia del incremento en la endogamia.


Sin duda hubiera sido imposible identificar estos históricos e importantes patrones de no existir la oportunidad de estudiar genomas de otras épocas, de hacer estudios de genética antropológica. Finalmente los autores declaran que una de las varias limitantes del presente estudio es que solamente pudieron observar un punto en el espacio en la cronología de los judíos askenazim, por lo que estos reveladores y trascendentes hallazgos son ilustrativos, pero no deben de considerarse como determinantes.


Para más sobre este magnífico estudio te recomiendo leer la nota de Andrew Curry para Science: https://www.science.org/content/article/meeting-ancestors-history-ashkenazi-jews-revealed-medieval-dna



Enlace Judío: https://www.enlacejudio.com/2022/12/08/carol-perelman-lo-que-la-genetica-dice-del-los-judios-ashkenazim/













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