Equilibrio, COVID y la cinta de Möbius

En estos días en que el calendario judío marca el inicio del nuevo año, hacemos un alto y reflexionamos. Ésta es una costumbre que podríamos haber practicado en algún otro momento; sin embargo, habitualmente revisamos los trayectos cuando estos ya han transcurrido y planeamos las nuevas aventuras antes de emprenderlas. Es lo común.

Pero en esta ocasión, este principio, que por definición también es final, se ha tornado distinto. La pandemia nos ha obligado a transitar una época que se asemeja más a una continua y resbalosa cinta de Möbius y no a una sencilla y habitual vuelta al Sol.

Hace más de 160 años, el matemático y astrónomo alemán August Ferdinand Möbius descubrió, que si se toma una cinta de papel, se tuerce media vuelta y unen los extremos, es posible construir una banda que en vez de dos, tiene un solo lado. Inténtalo. Si unes los extremos sin la torcedura haces una pulsera plana… pero con el medio giro logras una figura novedosa, tridimensional, similar a las bufandas circulares que han estado tan de moda. Una figura que parece mágica, infinita.

Por sus propiedades, la cinta de Möbius se ha utilizado en un sin fin de aplicaciones y representaciones desde prácticas hasta artísticas. Y es que la banda de Möbius es sinónimo de continuidad, de redundancia, de algo que parece no acabar. Tal como lo que muchos sentimos hoy a media pandemia, donde aún no es natural parar y cambiar la hoja.

Sin embargo, aquí es cuando el metafórico Tevye el lechero, se asoma y nos recuerda: ¡tradición! Cuando miramos de reojo al violinista y confirmamos que sí sigue sobre el tejado, sobre el techo de las casas donde nos hemos resguardado en los últimos meses, semanas y días, y que vigila, como siempre lo ha hecho, el equilibrio.

Los seres vivos, como los seres humanos, transitamos a través del tiempo lineal en ciclos que nos ayudan a contabilizar la distancia recorrida. Así se cuenta la vida. Las mariposas lo hacen en transformaciones y los osos en hibernaciones. Sin embargo, estos mismos seres vivos, han sabido desarrollar, como herramienta evolutiva, la capacidad de mantener su equilibrio, de buscar la homeostasis a través de estas fases. De adaptarse al entorno manteniendo su integridad. E incluso, bajo la mirada de Darwin, a hacer cambios que se traducen en evolutivos, para convivir en distintos hábitats. Sin duda las metamorfosis son para mejorar, no solo se trata de sobrevivir. Es trascender, en lo individual y colectivo, a pesar de la adversidad… y salir triunfante.

Así como la esposa de Lot fue convertida en estatua de sal, así esta pandemia nos obliga a asumir habilidades nuevas. Características quizás antes no exploradas. Me refiero, a las que poseen los metales. La maleabilidad, tenacidad y resiliencia; tres propiedades que hablan de encontrar nuevas formas, resistir fuerzas externas y regresar al estado inicial. Es el trabajo interno que incansablemente debemos de hacer para conservar, hoy, en tiempos inéditos de coronavirus, el equilibrio. Hallar la maleabilidad necesaria para adaptarnos a las circunstancias, la tenacidad para no perder la brújula ante este reto y la resiliencia que permitirá que regresemos a la cotidianidad añorada, quizás extinta, enfocándonos en el significado de la vida misma.

El equilibrio, que radica en la trilogía mente-cuerpo-alma, ha mantenido a ese violinista aún tocando de pie. Así, hoy, en vísperas de Rosh Hashana acudimos al alma, a la espiritualidad individual y el blindaje que nos provee la comunidad, en lo colectivo. Buscamos con nuestra inteligencia y razón, esa maleabilidad y resiliencia para navegar las curvas de Möbius. Sin perturbar nuestro cuerpo, manteniendo la homeostasis.

Estamos en una etapa que así como comenzó, tendrá un fin. Y entonces, habremos sido testigos de un episodio que se ha escrito en la historia, y podremos entender que la cinta que pensábamos era de Möbius era una ilusión óptica creada por la angustia, la incertidumbre y la confusión. Y que más bien la época era más como el anillo del Rey Salomón, que tenía inscrito que nada es para siempre.

Qué hubiera escrito Shalom Aleijem de haber vivido en el año presente. Cuando ahora como humanidad, tenemos la obligación moral de proteger al otro, de mostrarnos solidarios. Te invito en este Rosh Hashana a agradecer por la vida y por cada despertar, a disfrutar las melodías del violinista que sí está en tu tejado, a hacer tuya la oportunidad de rescatar el equilibrio, mientras pacientemente esperamos a que la ciencia siga avanzando para dilucidar los detalles que podrán fin a esta pandemia.

Shana Tova Umetuka, Gam Ze Yaavor. Que haya salud.




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