Davos, que siempre viste de blanco, se pinta de verde... por un mejor capitalismo

El Foro Económico Mundial, que este año será celebrado del 21-24 de enero, fue creado durante la Guerra Fría por el profesor de economía Klaus Schwab, que para resolver la inminente crisis petrolera, tuvo la creativa idea de juntar a todas las partes interesadas en el conflicto, siguiendo la filosofía de “stakeholder capitalism”. Desde entonces, varios temas han sido prioritarios a lo largo de los 50 años ininterrumpidos de esta cumbre que cada principio de año se lleva a cabo en la nevada ciudad alpina de Davos (excepto en 2002 que se celebró en Nueva York como muestra de solidaridad luego de los ataques terroristas del 11 de septiembre).


Activistas, líderes juveniles, académicos, grandes periodistas, miembros de la sociedad civil, jefes de estado y presidentes de importantes corporaciones buscan galvanizar un diálogo hacia mejorar el futuro común. Entre las conversaciones, les ha tocado revisar la caída del Muro de Berlín, analizar la globalización económica, evitar en 1988 la guerra entre Turquía y Grecia, estrechar puentes económicos entre naciones, lanzar alianzas en pro de la vacunación, ser testigos en 1992 del fin del apartheid, promover la creación del G20, dialogar en cuestiones de género para empoderar a la mujer; y este año, dar prioridad al urgente tema del cambio climático.


Paralelamente, este 2020 ha sido declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Sanidad Vegetal (IYPH), con el objetivo de crear conciencia global sobre la importancia de la protección a las plantas para combatir el hambre, reducir la pobreza, proteger al medio ambiente y estimular el desarrollo económico. “Las plantas son finalmente la fuente del aire que respiramos y de casi toda la comida que consumimos; y sin embargo, casi nunca pensamos en su salud.” La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estima que el 40% de las plantaciones se pierden anualmente por epidemias de plagas que infectan los cultivos, afectando comunidades agrícolas rurales y provocando un desabasto de alimentos. En este contexto, el cambio climático provoca inestabilidad en los ecosistemas y pérdida de biodiversidad que agravan este problema.


En la edición 2020 de Davos, en que la sustentabilidad esta dominando la agenda, la activista medioambientalista de 17 años, Greta Thunberg, declaró que “prácticamente no se ha hecho nada para combatir el cambio climático”. Como contraste, el año pasado hubo más hincapié en temas como ciber-ataques y fraudes informáticos, pero ahora, la conversación gira entorno al clima extremo, la definición de acciones a tomar hacia mejorar el medio ambiente, el incremento de los desastres naturales y la acelerada pérdida de la biodiversidad. Casi la quinta parte de las sesiones serán sobre estos temas, 13% más que en 2010, en que la preocupación era más bien la crisis financiera.


El que hoy, la ciudad Suiza de Davos, que esta tapizada de nieve blanca, tenga un entorno que se ha pintado de verde, es consecuencia natural de haber sobrevivido un 2019 donde Venecia tuvo inundaciones masivas, Brasil incendios devastadores y Estados Unidos decidió salir del tratado de París. Tuvimos un 2019 que fue declarado el segundo año más caliente de los últimos siglos, teniendo en primer lugar el 2016; ambos récords en la misma década. Hechos que sin duda hicieron que el fundador del Foro Económico Mundial, Schwab, advirtiera que “nuestros esfuerzos para mantener el calentamiento global a un máximo de 1.5ºC se está quedando peligrosamente corto, con el mundo en una encrucijada tan crítica, que este año se debe elaborar un Manifiesto de Davos 2020” que busque un mejor capitalismo para el mundo, que no amenace las futuras generaciones.


Veremos a qué se comprometerán los lideres de las grandes ligas; los asistentes billonarios de Davos cuyas empresas tendrán que hacer inversiones no previstas y cambios radicales con costos que ellos mismos deberán asumir, y los jefes de estado cuyos países tendrán que hacer modificaciones a sus políticas y reformas profundas a sus legislaciones para crear el entorno propicio hacia el cambio. No es sencillo pero si urgente. No será barato pero el costo de no hacerlo es enorme.


Mientras tanto, los ciudadanos comunes seguiremos haciendo nuestra parte en pro de un mundo sustentable, mandando con nuestras acciones, el mensaje de que preferimos elegir, en la medida de lo posible, productos y servicios con menor impacto ambiental. En el mercado, la voz más fuerte la tiene el consumidor. Hazte escuchar.

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