Educando ciencia: preguntas sin premiar respuestas

En un encuentro sobre la ciencia en la educación aclaré que la ciencia no es aprenderse la tabla periódica o la diferencia entre un protón y un electrón. Eso es importante, no lo debato, pero es solo un pedacito que erróneamente nos han dicho que es “saber ciencia”. Estos conceptos son quizás necesarios, pero definitivamente no suficientes.


El sistema educativo actual insiste en proveer conocimientos que por generaciones han llenado los programas y guías oficiales, que además de ser hoy conceptos fáciles de encontrar a través de cualquier plataforma de búsqueda rápida, dejan al alumno con la impresión equivocada de la ciencia y algo espantado sobre su aparente dificultad. Sin duda omite la verdad. La escuela actual adormece, en la mayoría de los casos, la curiosidad con la que nacemos todos y cada una de las personas. Olvida que el fin mismo del colegio no es enseñar y llenar las mentes de datos sin contexto, sino es formar seres humanos con las herramientas para generar ciudadanos capaces de enfrentar cualquier situación y adaptarse a todas las realidades. Creo que el objetivo de los colegios debiera ser enseñar a los niños y jóvenes a pensar. Ya con eso.


No soy pedagoga, pero desde mi trinchera como divulgadora de la ciencia veo la urgencia por promover la cultura científica tan poco desarrollada en la sociedad. Somos fanáticos usuarios de la ciencia y la tecnología pero no diestros en ella. Y esto es un error que desde hace varios años el mismo Carl Sagan lo vaticinó. Y la pandemia lo ha dejado en evidencia.


Para ejemplificar esto que digo recuerdo una anécdota que al parecer sucedió al físico danés Niels Bohr cuando era estudiante de la Universidad de Copenhague y tuvo un examen de física en que debía responder cómo medir la altura de un rascacielos usando un barómetro: un aparato para medir la presión atmosférica.


El profesor de asignatura lo reprobó porque la respuesta del joven estudiante no mostraba ningún tipo de habilidades en la física, Bohr había contestado que si amarraba un hilo al barómetro podía subirse a la azotea del rascacielos, ver cuánta cuerda necesitaba para que llegue al suelo y con eso medir su altura. La respuesta era correcta pero no era lo que el profesor buscaba.


Claro que Bohr, nada conforme con la calificación apeló y para demostrar que sí tenía algo de conocimientos en la materia le otorgaron 6 minutos para explicar. Sin embargo el joven permaneció en silencio…, y al cabo de varios minutos el árbitro le recordó que le quedaba poco tiempo…pero Bohr dijo que tenía tantas respuestas que no sabia por donde empezar.


1. Podría aventar el barómetro desde la azotea y con la fórmula de caída libre medir el tiempo en el aire y determinar la altura

2. En un día soleado, podía colocar el barómetro de forma vertical y sacar la proporción entre las longitudes de las sombras del barómetro y del edificio y sabiendo cuanto mide el barómetro sacar la altura del rascacielos.

3. O bien, si queremos ser muy rigurosos, podría subir a la azotea, colgarlo de un cordón y dejarlo oscilar como un péndulo, y sacar la altura comparándola con la oscilación a nivel de tierra.

4. También, si el edificio tiene escalera de emergencia por fuera, podría tomar el barómetro y con un gis ir marcando la altura del rascacielos hasta llegar hasta arriba. Luego sumar las marcas de la pared.

5. Pero sí el profesor realmente quería la respuesta ortodoxa, rigurosa y aburrida, podría comparar la presión atmosférica entre la planta baja y la azotea y convertir la diferencia de milímetros de mercurio en metros. Y así sacar la deseada altura…

6. Aunque siendo prácticos… podría ir con el personal de mantenimiento y darle el barómetro a cambio de que me dijera la altura del edificio.


Niels Bohr ganó el Premio Nobel de Física en 1922 por proponer la estructura del átomo y comenzar la teoría de mecánica cuántica, …es evidente que tenía una gran pasión por el conocimiento, pero sobretodo una enorme curiosidad e inmensa creatividad en su pensamiento…


Así es la ciencia. Es la búsqueda, es la travesía. No es un final, ni tampoco es un destino. Y precisamente en ese camino es donde existe la fascinante construcción del conocimiento. La ciencia es la sistematización de las dudas: continuamente se calibra, reajusta y auto corrige. Por ello debiéramos de premiar siempre las preguntas y dejar de enfocarnos en tener respuestas “correctas”.


Así tal como los niños, científicos por naturaleza, que desde pequeños quieren saber por qué, la escuela tendría que tomar como reto el enfocarse en preservar la curiosidad, en encontrar cómo conservar nuestra naturaleza científica, y dejarnos niños independientemente de la edad.


No importa si la respuesta que den a las preguntas sea “la correcta”, la ciencia es infinita y con ella las respuestas. Las que son válidas hoy no necesariamente son mañana. Evidencia de ello son Demócrito, Dalton, Thomson, Rutherford y Bohr…y la estructura atómica sigue en estudio. Es un engaño pensar que la estructura del átomo ya esta dilucidada y que no encontraremos más explicaciones sobre el paso del tiempo. Lo que debiéramos fomentar en los niños y niñas, jóvenes, adultos, en todas las personas es la búsqueda de explicaciones, la formulación de preguntas, el planteamiento de suposiciones e hipótesis lógicas.


La pandemia ha dejado en evidencia cómo es relevante el método, el proceso y los distintos caminos explorados para lograr el aprendizaje infinito y perpetuo. La pandemia nos mostró la importancia de tener flexibilidad y de confiar en la ciencia como brújula; finalmente fue la ciencia quien en los momentos mas oscuros fungió como lumbrera y nos indicó el camino de salida. Pero necesitamos más de ella, tenerla presente en el día a día. Cerca. La pandemia sigue y retos futuros como posibles pandemias y el inminente cambio climático requerirán mentes lógicas, críticas, inductivas, deductivas, abstractas, rigurosas, causales, científicas.


Finalmente como dice el químico William Lester “People Do Science”, “Las personas hacemos ciencia”, y es por ello que la ciencia es parte de nuestra cultura, así que como el resto de la cultura, la ciencia es de todos y para todos. Y por ello, la ciencia, el pensamiento científico, debe integrarse en todas las materias escolares, de forma transversal. Sí tener biología, física, química, ciencias naturales, fisiología; pero realmente el poder del sistema educativo es que todos sus egresados piensen como científicos sin que sean científicos.


No es aprenderse la tabla periódica sino quedar perplejos por su orden y su función, su relevancia y alcance. No es saberse la diferencia entre un electrón y un protón sino comprender cómo es su interacción sabiendo que la materia, y nosotros mismos, somos consecuencia de ella y dependientes de su energía. No importa el concepto sino su contexto, relevancia, implicaciones y todo lo que aún no entendemos de él.


Finalmente la ciencia está en todo. Incluso en el vacío. Su ubicuidad es innegable. Esta en nosotros reconocerlo.





76 visualizaciones0 comentarios