Qué hace un bosque prehistórico viviente en el corazón de México

Desde pequeña me gustaban esos acertijos como los de Plaza Sésamo, en que tenías que encontrar cuál elemento, de entre cuatro opciones, no era como los demás. Y es que es de llamar la atención cuando algo esta fuera de lugar. En ese caso, el reto no era sólo identificar cuál es la excepción a la regla y señalarla. No. El verdadero valor residía en tratar de entender el origen de la anomalía y crear a partir de ella nuevo conocimiento. Lo que es esperado es aceptado, predecible, usual, pero si un evento desintoniza, entonces despierta la curiosidad y la oportunidad de saber más. Y esta es precisamente la labor del ser científico, observar, perseguir y encontrar alguna explicación lógica a lo raro entre lo normal, para explicarnos con evidencia y bajo un método riguroso, lo diferente. Justamente es así como se han dado muchos de los grandes descubrimientos en la ciencia. Por accidente. Estudiando la razón de lo irregular.


Y eso es tal cual lo que hizo que varios investigadores, entre los que están el biólogo marino Octavio Aburto y principal autor de la reciente publicación en PNAS, se juntaran para darle una explicación a lo que uno de ellos, el experto en plantas de la UJAT Carlos Burelo, encontró en su región natal.


Burelo había observado que en una zona lejana a las costas habían manglares rojos; una especie de planta que sólo se encuentra a las orillas del mar o en las salidas de los esteros que desembocan en las costas. Pero, ¿qué hacían esos manglares rojos en el agua dulce del río San Pedro Mártir de Tabasco a 200 Km de la playa más cercana? Una excepción fascinante por estudiar.


Unos meses antes de que comenzara la pandemia me encontré en el aeropuerto con Octavio Aburto del Instituto de Oceanografía de Scripps justo cuando emprendía una de las expediciones que hizo hacia la zona del Balancán para rastrear los orígenes de estos enigmáticos manglares rojos. Con gran emoción me compartió un poco sobre este peculiar hallazgo pero primordialmente hizo hincapié en su posible relevancia. De confirmarse la hipótesis del equipo multidisciplinario habría una gran responsabilidad de las autoridades mexicanas por conservar este bosque histórico, pero además serviría de llamada de atención sobre las inminentes implicaciones del cambio climático. Me quedé en suspenso hasta hace unos días en que recibí con orgullo y emoción los resultados de tantos meses y viajes de trabajo.


El equipo que incluía al ecólogo de la Universidad de California en Riverside Exequiel Ezcurra aplicó distintas metodologías para descifrar esta incógnita. ¿Habrá sido que los mayas que habitaron la zona trajeron del mar estas especies y las sembraron cerca de la hoy zona arqueológica Aguada Fénix? Podría ser, pero análisis de ADN extraído de los manglares en cuestión y comparados con el material genético de los manglares rojos de las costas más cercanas mostraron que la divergencia entre las especies era de más de 100,000 años. Es decir, que los manglares rojos hallados tierra adentro llevaban 125,000 años ahí. Sin duda eran de antes de que los humanos hubieran pisado estas tierras. Específicamente eran del Pleistoceno.


Los investigadores entonces lo comprendieron. Durante el Pleistoceno, una era geológica inter glaciaciones, la Tierra estaba más caliente, los polos estaban derretidos y el nivel del mar era entre 6 y 9 metros mayor al actual. Esto lo explicaría. Análisis de modelado de relieve hecha por Paula Ezquerra encontró que con este ascenso en el nivel del mar la zona terrestre en cuestión estaría cubierta de agua salada. Por lo que seguramente los manglares rojos habían llegado ahí cuando la región era parte del océano. Interesante, pero no suficiente, los científicos decidieron seguir buscando y confirmarlo a través de otras estrategias.


Dos hallazgos más apoyaron la hipótesis de estudio y dejaron claro que esa zona de Tabasco era subacuática hace tantos años, cuando la Tierra estaba más caliente. Por un lado, el equipo encontró otras 131 especies de plantas que habitualmente se debieran encontrar en las costas y que nadie se explicaba la razón de estar ahí. Pero además, al hacer excavaciones de 30 centímetros de profundidad se encontró no solo arena de playa sino también fósiles de moluscos y mejillones, de especies marítimas que nada tendrían que hacer ahí. La única explicación es que estaban frente a un episodio intacto de la historia geológica del planeta. Una fotografía del pasado.


Era increíble que los manglares rojos habían sobrevivido tan lejos del agua de mar, quizás eso explicaba que sus poblaciones eran escasas, pequeñas, y su estatura menor a la habitual. Posiblemente el cambio de condiciones a través del tiempo las forzaron a adaptarse al agua dulce. Lo que era cierto es que este ecosistema aislado era una reliquia de la antigüedad planetaria, que no sólo hablaba del pasado sino que hacía un alarmante espejismo del futuro.


Con la publicación de este importante estudio en PNAS los autores subrayan la relevancia de actuar con urgencia para detener el aumento de la temperatura del planeta mostrando con evidencia cómo los mares podrían subir borrando las actuales costas y pudiendo llegar a zonas como estas, a 200 km tierra adentro. Una llamada de atención frente al inminente reto del calentamiento global.


Pero además, este artículo funge como una oportunidad extraordinaria en que México podría ostentar la conservación de un bosque prehistórico aún viviente, dónde la única explicacilo seguirPersiguiendo una explicimientos de la historia. Persiguiendo una explicaciptarse y evolucionar para pintar los pia cosoón de su actual supervivencia es que se le ha permitido a la naturaleza hacer lo suyo: adaptándose y evolucionando para subsistir, a la vez que conforma un complejo ecosistema atípico, único, y pinta los actuales paisajes tabasqueños con un destello sin igual.





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