¿Por qué necesitamos vacunas intranasales contra COVID-19?

Esta semana China autorizó como refuerzo la versión intranasal de la vacuna unidosis de CanSino que en México fue administrada inicialmente a nuestro magisterio. Asimismo, la agencia regulatoria de salud de la India, la equivalente a la FDA de Estados Unidos o a la Cofepris de México, está por avalar la vacuna intranasal en gotas de Bharat Biotech como dos dosis iniciales para personas aún no vacunadas contra COVID-19.


Pero además, según Nature existen en distintas etapas de investigación más de 100 candidatos vacunales contra COVID-19 cuya administración es a través de mucosas; ya sea orales, como la de polio de Sabin, y nasales, como la de influenza FluMist. De este centenar en estudio ya son al menos una veintena las que están en etapas clínicas en humanos de las cuales al menos 4 están por ser (o ya) autorizadas: una en Irán desde octubre de 2021 y de la que poca información tenemos, otra parece ser en Rusia similar a la SputnikV, otra de virus atenuado en China por la farmacéutica Beijing Wantai y otra llamada Codagenix hecha por Farmingdale de Nueva York y Serum Institute de India.


Algunas otras que valen mencionar y que siguen en etapas más iniciales de investigación clínicas son la Patria, en que México evalúa la administración intranasal y/o intramuscular, y la israelí en cápsula de Oramed de administración oral de la cual he dado seguimiento a través de Enlace Judío.


Pero, ¿cuál es el valor de tener estas nuevas alternativas?

En principio el evitar las agujas hace que la aplicación de estas vacunas sea menos invasiva, especialmente para aquellos con belonefobia -miedo a las agujas-. Segundo, su aplicación no requiere personal de salud especializado y esto facilita los esfuerzos de vacunación. También, generalmente estas vacunas no requieren ultracogelación de los viales y el manejo tan delicado de los viales como para la mayoría de las actuales vacunas contra COVID. Sin embargo, quizás la mayor ventaja de las vacunas aplicadas directamente en mucosas (boca y nariz) es que potencialmente promueven una respuesta inmunológica local, que justamente es la vía principal de entrada del coronavirus y por ende, podrían (esperemos) evitar por completo la infección y bloquear la transmisión. Es decir, generarían una inmunidad esterilizante. Esa inmunidad que nos hubiera gustado alcanzar con las vacunas originales.


Es importante aclarar que las más de 12 mil millones de vacunas intramusculares que se han aplicado desde fines de 2020 hasta hoy han sido sumamente exitosas en cuanto a su efectividad para reducir el riesgo de muerte y complicaciones por COVID-19. Según datos de la Secretaría de Salud de la última ola por ómicron más del 70% de los mexicanos que fallecieron no tenían ninguna vacuna y del 30% restante, 84% tenía alguna comorbilidad.


Por su parte, un estudio publicado por The Lancet estimó que solamente durante el 2021 las vacunas evitaron 20 millones de muertes por COVID-19 en el mundo, y aunque queda claro que las vacunas autorizadas y aprobadas han salvado vidas, evitado hospitalizaciones, reducido la incidencia de Long COVID y de infecciones, no han logrado evitar al 100% los contagios. Sí lo reducen pero no lo evitan, ya que al ser administradas por el músculo promueven anticuerpos sistémicos (IgG) que patrullan principalmente el torrente sanguíneo y en mucha menor proporción las “puertas” de entrada del virus al cuerpo. Así cuando llega el virus a nariz y boca pasa casi sin ninguna restricción y sólo cuando se establece la infección los anticuerpos circulantes actúan minimizando el impacto del virus en el cuerpo. Y aunque las personas vacunadas sí podemos enfermarnos de COVID, gracias a la vacunación lo hacemos de forma más leve, y como resultado, las olas más recientes han sido cada vez menos severas y letales –aunque sí disruptivas porque las nuevas variantes han logrado ser mas contagiosas, evaden la inmunidad, y las vacunas actuales no bloquean la transmisión-.


Sin embargo estas nuevas vacunas aplicadas en mucosas podrían promover la producción de anticuerpos sistémicos pero también locales (IgA), que al instante de entrar en contacto con el virus lo detienen sin permitir que pase más allá de nariz y boca. Como si fueran porteros de nuestro edificio llamado cuerpo humano. Al menos así parecen lograrlo según estudios publicados en ratones y en macacos, en que al administrarles vacunas intranasales (como refuerzos y también como dosis iniciales) bloquean por completo la infección y la transmisión, eliminando al virus sin llegar a presentar COVID-19 y evitando que animales de las jaulas aledañas se contagien. Esperemos observar los mismos resultados en humanos, sería ideal.



Esperemos información de la inhalada en gotas de Bharat Biotech en India, vacuna de vector viral que según datos de la empresa, como dosis iniciales mostraron buena eficacia en su estudio aun no publicado con 3,100 voluntarios. Y miraremos con atención a China, que comenzará la administración de refuerzos de la CanSino que será nebulizada y administrada por nariz y boca a partir de un quinto de su producto inyectado, y que mostró en estudios de fase 2 publicados en enero una mejor respuesta inmunológica en sangre que su equivalente inyectado. Aún no sabemos sobre su capacidad de bloqueo aunque la farmacéutica reportó de forma preliminar que la protección parece decaer con el tiempo. Pero aún nada publicado en fase 3, lo más relevante será quizás el seguimiento en la “vida real”, la fase 4.



Por ahora, más allá de India, China, Rusia e Irán, los países no han mostrado intención por tener alguna de estas vacunas, pero esperemos pronto más candidatos vayan anunciando que están en el tramo final y tengamos la oportunidad de verificar su inmunidad esterilizante por nosotros mismos. La gran pregunta seguirá siendo si efectivamente lograrán evitar infección y contagios y cuánto nos durará esta inmunidad.


La ciencia avanza y seguiremos atentos.


https://www.enlacejudio.com/2022/09/08/carol-perelman-por-que-necesitamos-vacunas-intranasales-contra-covid-19/


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