Mi texto sobre "Idóneo vals entre ciencia y tecnología" para CTI de CITNOVA

En tres cuartos, decía mi profesora de música en la secundaria cuando tocábamos con torpeza la flauta dulce; así es el ritmo del vals. Y solo al escribir la palabra me remonto a las espléndidas obras de Johann Strauss II e imagino los majestuosos salones vieneses con parejas danzando a su son. Un, dos, tres. Sin tropiezos todos girando a la vez. Un bello baile de parejas en coordinación.


Así como siguiendo una hermosa melodía es como los habitantes de la Tierra evidenciamos en estos últimos meses la perfecta colaboración entre la ciencia y la tecnología al servicio de la humanidad. Un dúo que confirmó las virtudes de mostrar al unísono una coreografía perfecta, una que sin duda no había sido planeada, pero para la cual llevaban años de ensayos y muchísima experiencia. El escenario fue la pandemia de COVID-19 y este par nos ofreció una función sumamente armoniosa, aún inconclusa. Los reflectores no descansaron mientras ambos bailarines demostraron no solo su talento individual sino la habilidad de trabajar en equipo cuando las circunstancias lo permitieron, y lo requirieron.


Hace un año, en marzo de 2020 cuando apenas la Organización Mundial de la Salud declaraba la pandemia, los científicos llevaban ya dos meses reorientando sus investigaciones y explorando a detalle las implicaciones de la secuencia genética del virus. Desde entonces los científicos trabajaron para comprender sus propiedades, y entre las múltiples prioridades, desarrollaron varias candidatos de vacunas para prevenir la enfermedad que ha matado a más de 2.5 millones de personas en el mundo.


Pero esto es solamente uno de los ingredientes para el perfecto vals. No era suficiente con tener a la bailarina más diestra para deslumbrarnos con su extraordinario talento; este baile de salón es en par. Así, para que la ciencia llevara sus aportes a la sociedad requería del hábil bailarín capaz de hacerla brillar en un escenario que por la emergencia sanitaria está en la mira pública.


Y así fue que el baile en tándem sucedió donde los innovadores diseños de BioNTech y Oxford se convirtieron en vacunas gracias a Pfizer y AstraZeneca, y a las circunstancias que permitieron la transferencia. Ejemplo de mancuerna entre desarrollo y producción, ciencia y tecnología; la transformación de microlitros experimentales a galones en biogeneradores. Un logro que permite que antes de cumplir un año de pandemia tengamos más de 200 millones de personas vacunadas en el mundo. Y vamos por más.


Somos todos testigos de que la seguridad de nuestras sociedades depende de la robustez de este pas-de-deux. Hoy vemos sus beneficios. Dos bailarines dislocados no pueden danzar el vals. Es fundamental que en miras al futuro México invierta en la ciencia, la más avanzada tecnología y una comunicación sinérgica entre ambos.


El director de orquesta Andre Rieu dice que “se ha logrado arte cuando el vals suena como la pieza más sencilla, porque en realidad no lo es.”


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