Las virólogas de la corona

Cuando los encabezados están plagados con noticias sobre el nuevo coronavirus y nos acercamos al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es el momento ideal para resaltar con gratitud el trabajo de mujeres que han hecho grandes aportaciones al campo de la virología: al estudio de los virus.


Hablaremos de dos mujeres, una francesa y la otra americana de origen judío; de dos mentes brillantes cuyos descubrimientos cambiaron el curso de la ciencia mejorando nuestra calidad de vida. Ambas, aceptaron el Premio Nobel de Medicina de manos del Rey Carl XVI Gustav de Sucia y recibieron su correspondiente suma en coronas suecas. Ellas son dos de las únicas 54 mujeres que han recibido este reconocimiento; son dos investigadoras pioneras en un campo dominado por hombres.


Durante los 1980s, cuando la epidemia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) tomó al mundo por sorpresa, los científicos no sabían qué ocasionaba la enfermedad. Los primeros casos de SIDA habían sido reportados en 1981, pero al no conocer su origen, la epidemia alcanzó proporciones globales convirtiéndose en una pandemia. En esa época, la francesa Françoise Barré-Sinoussi trabajaba en el Instituto Pasteur estudiando la relación entre los retrovirus y el cáncer. En 1983, a sus 36 años, Barré-Sinoussi descubrió al virus que infectaba las células T de los pacientes enfermos: al virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Gracias a su descubrimiento, se lograron desarrollar tanto pruebas de diagnostico como tratamientos, reduciendo dramáticamente los contagios y finalmente conteniendo la epidemia. Barré-Sinoussi, seleccionada por la revista TIME como una de las 100 mujeres más influyentes del siglo pasado, dedicó su vida a la enfermedad que alcanzó a más de 70 millones de personas, ocasionando aproximadamente 35 millones de muertes. Respecto a las mujeres, se refieren a Barré-Sinoussi como “valiente”, ella dice “debemos enseñarles lo que las mujeres somos capaces de hacer en la ciencia”.


El nuevo coronavirus, 2019-nCoV, que al día de hoy, 5 de marzo, cuenta con 97,253 casos confirmados y 3,349 muertes reportadas, es un virus que como material genético contiene ARN, al igual que el retrovirus que Barré-Sinoussi descubrió. Y aunque pertenecientes a distintas familias, uno es un retrovirus y el otro un coronavirus; las técnicas que usó la acreedora al Nobel en 2008, han servido para el estudio de éste nuevo patógeno y otras múltiples enfermedades. Al día de hoy, aun no sabemos el alcance que tendrá esta nueva epidemia; a la cual quizás podríamos comenzar a llamar pandemia, aún no sabemos el grado de disrupción que tendrá en nuestras vidas como las conocemos. Lo que sí sabemos, es que gracias a los avances en la virología, se identificó al patógeno con rapidez, se codificó su material genético oportunamente y gracias a ello los diagnósticos se han podido realizar, y posibles vacunas y tratamientos están ya en pruebas clínicas. Esto, a poco más de 60 días del primer caso.


Por su parte, Gertrude Belle Elion, nacida en Estados Unidos en 1918 de padres inmigrantes judíos, ganó el Premio Nobel en 1988 por desarrollar métodos innovadores para elaborar medicamentos nuevos. Hoy en día, sus técnicas se utilizan en prácticamente todos los laboratorios farmacéuticos del mundo. Entre los medicamentos que desarrolló están el Aciclovir, usado para tratar infecciones por virus del herpes, y AZT, que casualmente previene y controla la evolución del HIV a SIDA. Elion, luego de graduarse summa cum laude en 1937 de química, tuvo que trabajar de secretaria y maestra de preparatoria, ya que por ser mujer, no conseguía espacio como investigadora en ningún lugar. Finalmente, encontró una posición sin paga en un laboratorio de química. En una entrevista, Gertude relató que la única razón por la cual pudo estudiar, fue porque Hunter College era una escuela para secretarias; había aplicado a 15 Universidades para estudiar ciencia y ninguna la aceptó por ser mujer. Elion, es una de los pocos que han recibido un Nobel sin tener un doctorado. Su motivación de vida fue encontrar la cura a enfermedades. Los mecanismos que ella y sus colegas inventaron para producir nuevas medicinas de forma racional, que busca compuestos acorde a las estructuras bioquímicas de las moléculas, se están utilizando el día de hoy para desarrollar antivirales que traten el COVID-19.


Dos virólogas que se abrieron camino entre hombres, dos que revolucionaron la forma de analizar y tratar enfermedades importantes, dos que celebramos como exitosas mujeres en la ciencia, dos cuyas vidas y legados son extremadamente relevantes en el escenario de las pandemias, a unos días del 8 de marzo.

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