La sincronización es voluntaria: TikTok y los violines de Bar Ilan

Cada vez que presenciaba un concierto de música clásica, me preguntaba si los músicos podrían seguir tocando si el director de orquesta desapareciera de repente. Es obvio que todos los intérpretes tienen sus atriles y que todos conocen a la perfección sus estudiadas partituras; qué pasaría si la batuta saliera volando y el ensamble perdiera de improviso el liderazgo. ¿Perderían el ritmo al cabo de varios compases, surgiría un nuevo director, callarían domados por el miedo ó seguirían, sincronizados bajo el hechizo mágico de la melodía?


Comparto esta reflexión en el contexto de la pandemia. Podría la sociedad organizada, los ciudadanos, cada uno de nosotros como individuos, comunicar los mensajes relevantes, aquellos capaces de modificar la curva de contagios de COVID-19 independientemente del ritmo que marquen los gobernantes, de la retorica oficial. Luego de todos estos meses, cada uno de nosotros conoce a la perfección la receta que debemos de seguir para regresar a la armonía, al equilibrio de antaño. Podríamos recitar a coro los tres mensajes al unísono: distanciamiento social, lavado de manos frecuente con agua y jabón, y el uso de cubrebocas en espacios públicos. Hasta el cansancio. ¿Podremos hacerlo por decisión propia, voluntariamente, porque entendemos que el costo de no hacerlo es alto? ó requerimos que un director de orquesta nos de pauta, marque los ritmos, encuentre los silencios y de voz a los instrumentos.


Desde su creación en 2018, la red social TikTok ha reunido a más de 800 millones de usuarios en todo el mundo; principalmente jóvenes y adolescentes que comparten abiertamente sus creativos videos. Investigadores de la Universidad de Columbia y de la Universidad de Paterson exploraron cómo la información sobre la pandemia estaba siendo comunicada en esta plataforma, encontrando que de los escasos 117 videos con el hashtag #Coronavirus menos del 10% abordaba temas sobre la transmisión, los síntomas y la prevención. Según el estudio publicado en DeGruyter´s International Journal of Adolescent Medicine and Health, los investigadores argumentaron que TikTok estaba desaprovechado, podría convertirse en una extraordinaria herramienta de comunicación para proveer de mensajes relevantes sobre la pandemia para los jóvenes usuarios.


Por su parte, investigadores de la Universidad de Bar Ilan y del Instituto Weizmann de Ciencias en Israel hicieron un experimento innovador para entender la forma en que funcionan las redes humanas. Observaron a dieciséis violinistas que tocaban sus melodías de forma simultánea, mientras escuchaban por unos audífonos a sus compañeros. Los que oían la transmisión retrasada decidían ignorar el sonido recibido para evitar la descoordinación. Mientras que quienes lograban superponer su sonido con el que escuchaban, mantenían la melodía en perfecta sincronía. Con estas observaciones, los investigadores concluyeron en Nature Communications que los integrantes de una red humana, de una comunidad, tenían la capacidad de decidir, por voluntad propia, ignorar los detalles que causarían interferencia e incluir aquellos que procurarían la armonía. Los humanos sí tenemos la capacidad de sincronizarnos. Es una decisión que voluntariamente adquirimos.


Un ejemplo en el Reino Animal sucede con las langostas, que cuando rondan de forma solitaria son inocuas, pero reunidas, se convierten en una plaga capaz de consumir los cultivos de forma rapaz. Un conglomerado de estos insectos, del tamaño de la ciudad de Roma, digiere más comida en un día que la que la población completa de Kenia. Este año 2020, el este de África esta experimentando la peor plaga de langostas en décadas. ¿Qué hace que formen un grupo y actúen juntas en vez de permanecer aisladas sin causar devastadores daños? Entomólogos encontraron que estos insectos se comunican con una sustancia química, expulsando la feromona 4-vinilanisol. Con ella, las langostas se atraen entre sí agregándose en grandes grupos, coordinándose. En su publicación en la revista Nature sostienen que la comunicación entre ellas proviene de la producción masiva de este compuesto, es lo que las hace funcionar de forma sincronizada y poner en riesgo la seguridad alimentaria de poblaciones.

Que tal que los humanos usáramos los poderes que se adquieren con los likes, los shares y los views para comunicarnos entre nosotros los músicos, entre todos, como conjunto. Que los mensajes que ya nos sabemos de memoria para mitigar al COVID-19 logren propagarse entre individuos que pertenecemos a familias, a comunidades y a países, para entre todos, encontrar lo que buscamos: disminuir los contagios, frenar la propagación del virus. Finalmente el virus obedece al comportamiento humano. Somos nosotros quienes con nuestros actos lo transferimos de uno a otro. Todos conocemos ya los tres ingredientes de la receta. Distanciamiento, Jabón, Cubrebocas. Falta encontrar la feromona para comunicarnos, aprovechar los medios que tenemos de comunicación, aprender a tocar juntos el violín: sincronizarnos.


De lograrlo, regresaríamos antes a las majestuosas salas de concierto, donde la armonía impera no sólo entre los virtuosos, sino también con los calurosos aplausos del público que aprecia la sublime belleza de la sincronización. Y podremos entonces seguir fantaseando sobre el destino de la orquesta ante la pérdida de la batuta del director.



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