La homeostasis, la otra normalidad y la entropía: el efecto mariposa

Quizás recordarás de tu paso por la secundaria a la maestra de biología dictando, en la primera lección, que los seres vivos tenemos la capacidad de regularnos para mantener nuestras condiciones vitales en equilibrio, frase que subrayaba mientras escribía en letras enormes la palabra homeostasis. Esta definición, que seguramente apareció en el primer examen bimestral, es un concepto que muchos aprendimos de memoria, pero que quizás nunca cuestionamos. Habla del status quo, de la permanencia, de la constancia, de la normalidad. Es un fenómeno que se refiere a la habilidad de las especies por mantenerse sobrevivientes, a pesar de las perturbaciones.


Por su parte, la psicología ha tomado de las ciencias la palabra resiliencia, que ilustra el grandioso concepto de adaptación; de modificarnos y adaptarnos a las circunstancias. Técnicamente, consiste en la propiedad de algunos metales de retornar a un estado basal luego de someterse a estímulos externos que lo deforman. Perfecta analogía de la habilidad que define la vida ante Covid-19. Luchando continuamente por construir resiliencia, conservar nuestra imprescindible homeostasis. Sin embargo, el paso del invisible virus ha logrado que el mundo sufra un cambio. Y hablo de cambio en un contexto fisicoquímico, donde éste se refiere a una transformación, a una disrupción que resulta quizás irreversible.


El cambio que estamos como humanidad atestiguando lo podemos ver bajo la óptica de las ciencias de la complejidad, palabra que todos hemos escuchado para describir el presente, pero que pocos han logrado desmenuzar para vislumbrar profecías certeras. Cuando se estudia la complejidad, se combinan distintas disciplinas con la esperanza de entender sistemas que involucran tantas variables como las que estamos viviendo. Implica meter en la licuadora intelectual, sucesos de todo tipo para darnos una especie de caldillo que tendremos que digerir. Pero, ¿cuáles son todos esos ingredientes?, sólo la complejidad logrará cristalizar los detalles de la receta.


Quizás, a través de la teoría del caos, que pretende predecir los múltiples destinos que se pueden o no desencadenar ante pequeños cambios, podríamos trazar los aparentemente impredecibles escenarios. Tan frágiles. Y es que en este experimento humano llamado 2020, todos y cada uno de nosotros somos una variable dependiente; la actividad de un solo individuo, nos afecta a todos. Las decisiones individuales resultan amplificadas, en consecuencias colectivas. Tal como la famosa mariposa que aletea en Tokyo y provoca un tornado en Tennessee.


Es por ello que sentimos tanta frustración, nos encontramos ante la incertidumbre que nos remite a lo que los termodinámicos conocen como la Segunda Ley, que establece que sin introducir ningún tipo de energía al sistema, todo, a la larga, tiende al desorden. Esta Ley, que describe el concepto de entropía, es el mismo que experimentas cuando luego de varias horas de trabajo, volteas a ver tu escritorio y lo encuentras inevitablemente hecho un desastre. Justamente es esa entropía la que Mary Poppins aniquila con el mágico chasquido de sus dedos. Cómo nos gustaría que apareciera Hulk, y regrese todo a su lugar.


Con la idea de entropía podemos describir este mundo que parece tan aleatorio, este momento histórico cuya única constante es el cambio mismo. Que en una evolución progresiva nos llevará a esa otra normalidad, distinta, aún inimaginable; pasando por varias efímeras nuevas normalidades. Será como ir conquistando una ardua escalera de peldaños asimétricos que nos llevará a otro nivel. A uno de equilibrio y homeostasis.


Todos queremos ya llegar ahí, a este ansiado nivel de paz. El año entre 2019 y 2021 no ha seguido una trayectoria sencilla, modelable con la física newtoniana (que irónicamente fue descrita durante una pandemia). Será el desarrollo de las vacunas, el descubrimiento de una cura, el hallazgo de un conjunto de tratamientos, la distancia y la paciencia, los únicos catalizadores de este viaje. Los que nos trasladarán con rapidez a la ansiada otra normalidad, de menor entropía.


Mientras tanto, piensa en cómo cada uno de tus movimientos sí afecta el destino de todos. Y responsabilízate de ellos. Asume tu lugar cósmico en este planeta antropocéntrico. Es en este momento en que un diminuto suspiro logra un efecto dominó. Hay miles de ejemplos de ellos, lo documentan todos los días las planas de los diarios. Piensa en ti, para pensar en los otros. O más bien, piensa en todos, para pensar en ti. Juntos subiremos la escalera de momentáneas nuevas normalidades hasta alcanzar esa longeva otra normalidad.


Busca tu resiliencia mientras atravesamos estos cambios aún constantes que se perciben como caóticos; sigue con la mirada alerta, encontrando la forma de disminuir la entropía, así, hasta que conquistemos esa otra normalidad duradera, estable, clara y certera; hasta lograr mantener la vital homeostasis.



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