Hepatitis aguda en niños: un nuevo enigma

Desde enero de 2022 varios médicos escoceses comenzaron a notar un aumento en el número de casos graves de hepatitis en menores de 10 años. Los niños presentaban síntomas gastrointestinales como diarrea, dolor abdominal, vómito, cansancio, fiebre, comezón, nauseas y falta de apetito seguido de la característica ictericia por el exceso de bilirrubina en el cuerpo: piel y ojos amarillos, así como la orina de color oscura. Lo inusual de estos casos agudos, además de su aparente aumento en la incidencia, es que en ninguno de ellos había evidencia de infección por los virus de la hepatitis. Es por ello que con 11 casos, las autoridades escocesas avisaron el 5 de abril a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la aparición de hepatitis aguda con causa desconocida en menores de edad, ésta comenzó sus investigaciones y emitió una alerta mundial dos semanas después.


Para entonces, Gran Bretaña ya presentaba 111, hoy 114 casos en menores de 16 años en que 10 han requerido trasplante de hígado y de los cuales ninguno tenía evidencia de haber estado en contacto entre sí, de haber tomado agua contaminada, de exposición a sustancias tóxicas, de haber tomado algún medicamento, de tener una enfermedad autoinmune o de estar positivo para los virus de hepatitis A, B, C, D o E. Importante aclarar que estos menores no se habían vacunado contra COVID-19 por lo que la vacuna sin duda está fuera de discusión. Lo que sí llama mucho la atención es que de los niños evaluados en Gran Bretaña sólo 16% había tenido COVID-19 mientras que el 75% tenía presencia de un adenovirus, especialmente del Adenovirus 41F.


Los adenovirus son un grupo de más de 50 subtipos de virus de ADN que se propagan igual que el SARS-CoV-2, principalmente por vía aérea, y que habitualmente ocasionan gripas leves o problemas gastrointestinales; y que cuando rara vez han ocasionado eventos de hepatitis aguda generalmente han sido en niños con inmunosupresión, no en niños previamente sanos. Es por ello que la hipótesis de Adenovirus no ha sido tan convincente. Varios piensan que posiblemente existe algún otro elemento, un cofactor que esté actuando junto con el Adenovirus para ocasionar esta inflamación aguda del hígado, o también podría ser que el Adenovirus señalado tenga alguna mutación y encontró una versión más severa, o bien que simplemente se esté encontrando la presencia de Adenovirus porque es un virus que tiene alta circulación en la población infantil, y que cuando un niño lo tiene muchas veces tarda varias semanas en eliminarlo, pero que éste no esté vinculado a la causa real de estas inflamaciones. No porque esté ahí significa que es la etiología. Y porque además, no en todos los casos de hepatitis aguda se ha hallado al Adenovirus.


Sólo para aclarar, hemos escuchado de este grupo de virus durante la pandemia debido a que varias farmacéuticas han empleado su “caparazón” para llevar dentro las vacunas contra COVID-19 a través de la plataforma conocida como vector viral; Cansino utilizó Adenovirus 5, Johnson&Johnson Adenovirus 26, SputnikV una combinación de éstas ultimas dos y AstraZeneca un Adenovirus de chimpancé. Ninguna vacuna contra COVID-19 utiliza el Adenovirus 41 hallado hasta ahora en algunos de estos misteriosos casos.


Es así como en las últimas semanas, luego de la alerta de la OMS, un total de casi 200 casos han sido reportados por al menos 12 países, de los cuales 17 han requerido trasplante de hígado, varios están en lista de espera, y 4 menores han fallecido, tres de ellos en Indonesia. La Unión Europea ha encontrado 13 en España, 6 en Dinamarca cuya mayoría ha sido negativos a Adenovirus, 5 en Irlanda, 4 en Países Bajos y en Italia, 2 en Francia y un caso en Alemania, Polonia, Austria y Bélgica. Tampoco es sencillo entender lo que está ocurriendo debido a que habitualmente no se lleva un monitoreo puntal en los sistemas de salud ni de incidencia de Adenovirus ni tampoco de hepatitis agudas así que complejo comparar con la prevalencia de éstas en otras épocas. Pero de todas formas llama la atención debido a su gravedad a tan temprana edad y el requerimiento de trasplante por la falla hepática en aproximadamente 10% de los casos.


Por su parte, el Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades en Estados Unidos (CDC) también ha reportado una alerta luego de que el Departamento de Salud del Estado de Alabama avisó de 9 casos en menores de 6 años, de los cuales 2 requirieron trasplante de hígado, y en que todos estaban también positivos para Adenovirus 41F. Sin embargo, unos días después se reportó que los 2 casos en Carolina del Norte, ambos en lista de espera para recibir trasplante, no tienen infección por Adenovirus. Hasta hoy, en Estados Unidos hay casos en Wisconsin (4), Illinois (3), uno en Nueva York y otro en Delaware.


Para añadir a este complejo rompecabezas, Japón reportó el caso de un menor con hepatitis aguda sin causa confirmada que está negativo para Adenovirus y también negativo para COVID-19; a diferencia de Israel, en que 11 de los 12 menores confirmados con hepatitis aguda sí habían tenido COVID-19 tres a cuatro meses antes, apoyando la idea de que posiblemente ésta inflamación hepática sea parte de las secuelas, del long-COVID. De nuevo, ninguno de los menores estaba vacunado contra COVID-19. Mientras, en un análisis retrospectivo India reportó un incremento de casos agudos de hepatitis en su población infantil durante la ola por Delta en 2021, proponiendo que éste daño podría quizás deberse a un efecto directo de la infección del virus SARS-CoV-2, del COVID-19.


Lo que sí, es que la investigación esta en curso. No es sencillo, porque hasta ahora no se ha encontrado algún común denominador en todos los casos que pudiera explicar la evolución clínica de estos menores. Se están analizando muestras para buscar rastros de sustancias tóxicas, detectar patógenos, estudiando los casos clínicos a profundidad, sus historiales a detalle, exámenes de sangre, biopsias para aislar los virus, analizar los tejidos; todo esto tratando de hallar algún vínculo epidemiológico para determinar la posible causa de éste aumento de casos graves no asociados a los virus de hepatitis. En esto están las agencias de salud principales del mundo. De hecho México a través de la Secretaría de Salud emitió un Comunicado de Monitoreo por la Hepatitis Aguda de Etiología Desconocida el 23 de abril; hasta ahora no se han registrado casos en el país.


Dentro de las hipótesis están también dos posibles efectos de la pandemia. En que por un lado hemos mejorado nuestro monitoreo de la salud y posiblemente estos casos aislados sean detectados porque estamos ya más atentos; pero que en otra época hubieran pasado desapercibidos. O bien, que la falta de contacto con agentes patógenos durante dos años de encierro ha hecho que especialmente los más pequeños sean más susceptibles a virus, como el Adenovirus, que generalmente son leves. Pero todo sigue en el aire y aún no se sabe con certeza lo que está ocasionando esta situación.


Y, ¿mientras? Esperar a que los pediatras y médicos en centros hospitalarios reporten si detectan algún caso que cumpla con la definición clínica incluyendo tener elevadas las transaminasas y no tener una causa detectada. Los organismos de salud y los investigadores seguir con su actividad de detectives para terminar de descifrar este enigma. Y nosotros como sociedad, seguir vigilantes, esperar;…y aprovechar que aunque éstas hepatitis no son causadas por los virus habituales, no está de más en este momento revisar si estamos al día con los esquemas de vacunación y aplicar si hace falta las ya disponibles contra Hepatitis A y B.


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