COVID-19 y menstruación: ¿qué pasa con los ciclos?

Los ciclos menstruales son tal cual eso, cíclicos, y precisamente por tener una periodicidad pueden decirnos mucho sobre el estado general de la mujer. Es por ello que los relatos anecdóticos de amigas, hermanas o los propios, sobre las alteraciones a la menstruación en el contexto de la pandemia es un tema importante de estudiar. Y el propósito de este análisis es encontrar si existe un vínculo causal o si más bien los hallazgos reportados por muchas son puramente casuales.


Para dilucidarlo exploremos la evidencia que existe hasta hoy de la posible influencia en los ciclos menstruales desde cuatro aspectos pandémicos. Empezando por hablar de qué sucede durante la enfermedad de COVID-19 en mujeres, también abordar si pudieran existir secuelas entorno a la salud sexual femenina, explicar lo que sabemos sobre el efecto de la vacuna contra COVID-19 y la menstruación, y finalmente cuestionarnos si más bien el evento pandémico que estamos viviendo podría estar trastornando nuestro equilibrio ginecológico.


Pero antes, vale la pena subrayar que el nuevo coronavirus es un virus multisistémico, que como sabemos se propaga principalmente por vía aérea, pero que es capaz de alterar cualquier región del cuerpo debido a que usa los receptores ACE2 de las células humanas presentes en prácticamente todos los tejidos; incluyendo a los órganos del sistema reproductor femenino. En autopsias se han encontrado restos del SARS-CoV-2 en los ovarios, (también en la próstata y en los testículos, pero ese es otro tema).


Es importante recalcar que mirando los casos de COVID-19 en el mundo, varios estudios han concluido que la incidencia de COVID-19 grave es mayor en hombres que en mujeres, posiblemente debido a que por un lado el cromosoma XX de la mujer contiene genes que codifican para elementos que promueven una mejor respuesta inmunológica, y a que las hormonas sexuales femeninas, el estrógeno y la progesterona, confieren cierta capacidad protectora innata y celular contra el virus. En este sentido entonces hay una clara diferencia entre la forma en que las mujeres respondemos a la infección viral, siendo un elemento protector, en que con mayor frecuencia evitamos la progresión de COVID-19 grave.


Con este breve contexto entremos en materia y hablemos del ciclo menstrual comenzando por evaluar sus cambios durante la infección activa de COVID-19. Según un estudio de China publicado en Reproductive Biomedical Online en que se incluyeron a 177 mujeres entre 18 y 45 años de edad con COVID-19 moderado y severo, se encontró que 28% tuvieron un cambio en la duración de su periodo y 1 de cada 4 (25%) tuvo un aumento en el flujo. Al medir las hormonas sexuales los autores del estudio encontraron que no hubo una diferencia significativa entre sus niveles y los de la población general aunque sí estaban marginalmente aumentados quizás por efecto puntual de la respuesta inmunológica desatada por la infección. Otras enfermedades virales pueden alterar la función del ovario, pero en el caso del SARS-CoV-2 los periodos regresaron a su normalidad tras 1 o 2 ciclos. Concluyendo que las alteraciones, cuando suceden, no dependen de la gravedad del COVID-19, que son transitorias y obedecen más al efecto de la respuesta inmunológica que al virus en sí.


Cuando se miró el efecto de las secuelas de COVID-19 en los ciclos menstruales un estudio publicado en The Lancet encontró que 35% tenía algún tipo de alteración a su periodo comenzando 4-6 semanas del comienzo de la infección aguda, 20% reportando flujos más abundantes, y menos del 5% con sangrado post menopausia. Sin embargo estos efectos post COVID-19 se resolvieron aproximadamente 2-3 ciclos después. Interesante mencionar que a diferencia de las complicaciones por COVID-19 que son más presentes en hombres, las secuelas tienen una mayor incidencia en mujeres. La razón aún se desconoce, pero una hipótesis indica que posiblemente se debe a la diferencia en la respuesta inmunológica entre sexos derivado de las hormonas, especialmente estrógenos. Así que regresamos a lo mismo: posiblemente es la respuesta inmunológica la responsable de alterar el ciclo menstrual, y de forma transitoria.


Sin embargo, algunas personas han comunicado tanto en redes sociales como en los sistemas de reporte de efectos secundarios a las vacunas alteraciones en la menstruación luego de haber recibido sus dosis. Ante ello, Gran Bretaña hizo un análisis de ellos encontrando que los 30,000 reportes de anormalidades en los ciclos menstruales tras 44 millones de dosis aplicadas correspondían a un número bajo y similar a la frecuencia habitual esperada de irregularidades en el periodo que la población general presenta. Es por ello que Gran Bretaña determinó que no existía un vínculo entre los cambios al flujo, duración o frecuencia con las vacunas contra COVID-19, ni de adenovirus (AstraZeneca) ni de ARNm (Pfizer y Moderna).


De todas formas, la Universidad de Granada ha comenzado un estudio que mirará de cerca esta relación con la idea de dar a las mujeres mayor confianza de que la vacuna es segura y que no conduce a alteraciones en sus ciclos menstruales. Y por su parte el NIH en Estados Unidos ha autorizado el comienzo de un estudio con los mismos objetivos para verificar si existe o no un vínculo con estas modificaciones y las vacunas. Lo que sí es que la vacuna no tiene ningún efecto en la fertilidad ni masculina ni femenina sino por lo contrario, se recomienda especialmente en mujeres que buscan embarazarse debido al riesgo aumentado de complicaciones que existe en mujeres embarazadas que se contagian de COVID-19.


Mientras tanto, algo que sí es real y que todos, o más bien, todas, estamos sufriendo son los estragos de vivir una pandemia. Y en este sentido varias encuestas han encontrado que la mayoría de las mujeres sufrió un cambio en su metrónomo ginecológico durante los encierros. Y esto no es una sorpresa. Sabemos que el estrés altera de manera directa al eje hipófisis-ovárico que regula la menstruación. Es por ello que muchos de los posibles efectos observados durante la enfermedad de COVID-19, las secuelas o incluso la vacunación también pudieran tener un elemento de estrés que se ve reflejado en el sangrado anormal.


Es por ello que la mayor recomendación, y una que todas ya nos sabemos desde adolescentes, es monitorear siempre nuestros periodos y avisar al médico si existieran alteraciones más allá de 1 o 2 ciclos. Ya que los supuestos cambios debido a la COVID-19, las secuelas o a la vacuna obedecen quizás más a la respuesta inmunológica, o al estrés, que realmente al virus; y además, son transitorios.


Y finalmente, aprovechando que me acompañaste hasta aquí y sabiendo que si lo hiciste es porque evidentemente te importa la salud de la mujer, recordar la importancia de vacunarse todos y todas, y especialmente aquellas que están embarazadas ya que su riesgo de complicación por COVID-19 es mayor que las mujeres de su edad. Y la gran ventaja es que cuando se vacunan, no solo reducen su riesgo sino que estudio reciente confirmó que los anticuerpos atraviesan el cordón umbilical y los bebés nacen protegidos. Y además, los anticuerpos pasan por la leche materna, logrando que ahora que aún no tenemos una vacuna autorizada para los pequeños podamos cuidarlos a través de la lactancia.


Y si me permites agregar un detalle más, recuerda hacer tus exámenes de rutina, y acudir al médico a revisiones periódicas. La medicina preventiva es sin duda nuestra mejor herramienta contra cualquier reto en salud.


A punto de entrar a octubre, el mes de la sensibilización sobre el cáncer de mama, te cuidas tu, y nos cuidamos todas. Y todos también.




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