A esos que son nuestros súper padres

-Para Carlos, Jeff y Alex


Podemos celebrar la paternidad desde distintos y espléndidos enfoques. Son ellos, nuestros padres, quienes desde ese micro instante en que comenzó nuestra existencia, dejan improntas indelebles en nuestro ser. Metafórica y literalmente. Ya que es su espermatozoide, cargado de una enorme X o bien de la pequeña Y, el que determina si vamos a nacer niña o niño; dependiendo de cuál enérgico y hábil nadador es el que logra conquistar el óvulo materno. Así es como papá desde un inicio, propone nuestra identidad, un camino a seguir, e involuntariamente enriquece este mundo con la dualidad hombre-mujer necesaria para la continuidad biológica. Sin duda este proceso no podría estar a cargo de nuestras mamás siendo que contenemos una monotonía absoluta hecha de filas de cromosomas X amontonados en el arsenal. Esa ligera Y es la que provee al mundo del componente masculino de las especies.


Pero más allá de lo físico muchos de nuestros padres son también las guías, motores, modelos a seguir que a través de la vida nos transmiten pasiones, valores y formas de mirar al mundo más allá de las herencias cromosómicas. Es por ello, que en este Día del Padre tomare la excusa y hablaré de esos papás que con su incansable devoción inspiraron a sus hijas e hijos en transitar el espléndido mundo de la ciencia para convertirse en exponentes, en agentes de cambio que trascendieron por sus aportes a la sociedad.


¿Podrá heredarse la capacidad intelectual, la creatividad, la curiosidad y el rigor? Sin duda un gran ejemplo de ello son los Penrose. Roger, ganador del Premio Nobel de Física en 2020 por su descubrimiento de la formación de los hoyos negros como predictores de la teoría de relatividad, es heredero del amor que su padre le tenía a las matemáticas, especialmente a la geometría. Producto de ello es la creación de las figuras imposibles que entretenían con devoción a padre e hijo y que los acercó al mundo del gran artista M. C. Escher.


Pero saliéndonos por un momento de nuestra obsesión antropocéntrica, vemos cómo los padres del mundo animal son también machos presentes y dedicados que procuran a sus crías promoviendo en ellos conductas y comportamientos constructivos. Los leones protegen a sus cachorros dándoles ejemplos de liderazgo, con orgullo y honor, los zorros hacen independientes y seguros a sus pequeños enseñándoles pacientemente a buscar alimento por sí mismos, los gorilas alegran con ternura los días jugando con sus crías a la vez que las defienden de los peligros, los flamingos son aves feministas que distribuyen las labores entre todos por igual, los caballitos de mar son los únicos integrantes del Reino Animal que se embarazan asumiendo el destino de sus descendientes, y no olvidar a los comprometidos pingüinos emperador que toman la responsabilidad de incubar al huevo quedándose inmóviles, sobre la nieve, por dos meses eternos.


Y regresando a los dúos ejemplares vemos la transmisión de enseñanzas y tradiciones en los Edison, Thomas y Theodore, famoso el padre por inventar el bulbo eléctrico, el fonógrafo y la cámara de video, pero cuyo hijo Theodoro posee 80 patentes y fue también un gran creador. O los Bell en que a pesar de que le atribuimos a Alexander Graham Bell la creación del teléfono debemos considerar que la manzana no cayó lejos del árbol ya que vivió en una casa donde los experimentos de voz y la creatividad se vivía en el día a día. Su papá, Alexander Melville Bell fue un especialista de lenguaje que inventó en 1864 el alfabeto visual que ayuda a las personas sordas a comunicarse con mayor facilidad.


Pero hablando de familias y entornos, no podemos dejar de reconocer al gran Pierre Curie, quien no solamente fue una pareja ejemplar impulsando y dando su debido lugar a la carrera de su esposa Marie, sino que además forjó junto con ella un hogar lleno de “radiactividad natural” que evidentemente motivó a su hija Irene a sostener la estafeta, ganando ella también Premio Nobel por el descubrimiento de la radioactividad artificial. Nobel que siguiendo los pasos de sus padres, compartió con su esposo Frédéric Joliot.


Y en el mundo de la tecnología están el padre-hijo Toyoda, creadores de la innovación japonesa y corporación automotriz Toyota. Y a Wilbert y Robert Gore que patentaron en conjunto el material resistente al agua pero que también permitía el paso de aire conocido como Goro-Tex y llamado técnicamente politetrafluoroetileno.


Y cruzando las fronteras científicas, cuántos que destacan en el ámbito de la política, como si por dictamen genealógico se heredara la vocación en los Kennedy o los Bush. Y en el mundo de la música donde la hermosa sinfonía de los juguetes del papá se tradujo en el sinfín repertorio de melodías del pródigo hijo Mozart. Pero también es momento de reconocer a los cientos de miles de padres anónimos que son eso, devotos padres, y que siendo abogados, médicos, ingenieros, carpinteros, deportistas, electricistas, maestros, y cocineros han inspirado a sus hijos e hijas, sembrado en ellos intereses y deseos por ser mejores, motivándolos a convertirse en adultos de bien, brindándoles las herramientas para construir sus esquemas morales y contribuir positivamente a las sociedades. Siendo ejemplos vivientes y transmitiendo con sus relaciones amor, empatía y tolerancia. Virtudes que no tienen huellas detectables en el genoma.


Y es que queda claro en muchos estudios sociológicos y psicológicos que la presencia del padre, de manera activa, comprometida e involucrada en la formación de sus hijos e hijas los forja a ser ciudadanos de bien, sanos, que buscan caminar senderos llenos de aspiraciones y éxitos.


Celebro por ello hoy, a esos padres que han roto estereotipos machistas y que en esta modernidad colaboran con funciones antes destinadas socialmente a la mujer. Admiro a esos padres que impulsan a sus hijos a soñar en grande y que los empoderan para alcanzar casi las estrellas. Aplaudo a esos padres que buscan momentos inolvidables con sus hijos, que encuentran cómo fomentar vínculos de confianza y de lealtad que los unirá por siempre. Festejo a esos padres que encuentran gustos en común y construyen pasatiempos enriquecedores que estrechan los lazos y blindan las relaciones con sus hijos. Brindo por esos padres que ignoran voluntariamente las diferencias y se enfocan en animar las virtudes para catalizar en sus hijos grandes empresas. Reconozco a esos padres que teniendo tantos asuntos que resolver, compromisos por atender y expectativas por cumplir, saben que su mayor reto es el que nadie remunera con dinero ni requiere currículum para merecer, pero es el que da las mayores recompensas y mejores frutos: que disfrutan la hermosa labor de ser padre.


A todos ellos los festejamos en este Día del Padre, que si bien es un invento iniciado como copia a la comercial celebración de las madres, lo aprovechamos para agradecerles por ser todo eso y más. Por ser la mitad de nuestra genética pero la totalidad de nuestro universo. Por ser gorilas, flamingos, Pierres y Mozarts. Por ser protectores, proveedores, maestros, compañeros, amigos, cómplices, colegas, ejemplos y transmisores.


Y especialmente festejo con gratitud a esos bastiones que tengo cerca, mis resortes y muros de contención que llenos de amor se han convertido en mis héroes personales. A mi padre, que sigue recordándome que los alcances son infinitos y que ese infinito no tiene tamaño concebible, a mi esposo y padre de mis hijos, que siendo el centro de gravedad paradójicamente no solo mantiene firme el eje sino que generosamente da alas e impulsa, y a mi hijo, futuro padre y mensajero de todo cuan absorbe en su hogar, no solo lleva el nombre, sino que también, voluntariamente adopta los legados tácitos propios de los varones que le anteceden; instruyéndose en los pasatiempos comunes como el ajedrez y el futbol, mientras hace suyos, con suma admiración, respeto y sensibilidad, los pensamientos, las tradiciones y los acuerdos comunes. Haciéndolos inmortales.


Feliz día del padre





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