A 100 años de la N.F.L.: unnecessary roughness. Cuando lo espectacular convive con lo inexplicable

Actualizado: feb 1

False start:

Mientras los supermercados se preparan para superar las ventas de totopos, papas, dips y aguacates, que durante el Super Bowl pasado representaron $404 millones de dólares en Estados Unidos; Miami se tapiza del original street-art para recibir al mayor evento de la National Football Leage (N.F.L.) que celebra sus primeros 100 años ante retos importantes que han mermado su efusiva audiencia. El juego que ha sido parte integral de la identidad cultural de nuestro país vecino, y que a lo largo de su historia ha sido una de las principales fuentes de entretenimiento para sus habitantes, recientemente se ha visto empañado ante crisis de distintas índoles. Destaca la polarización de las controvertidas protestas políticas durante el himno nacional, los escándalos de maltrato doméstico y abuso de algunos de sus integrantes, la preocupación por la alta migración de los televidentes a plataformas digitales, y el que expondré: las consecuencias de este popular pero violento juego.


Touch down:

Desde el estreno en 2015 de la película “Concussion”, titulada en español “La versión oculta”, un tema importante ha nublado a este rentable deporte, en el que según Forbes, el valor promedio de cualquiera de sus 32 franquicias es de $2,860 millones de dólares. Esta película exhibe el hallazgo del Dr. Bennet Omalu, un patólogo forense protagonizado por Will Smith, que en 2005 describió la encefalopatía traumática crónica (CTE) al analizar bajo el microscopio fragmentos de cerebros de jugadores profesionales de fútbol americano, decidiendo confrontar a la poderosa N.F.L.; un ejemplo moderno de David y Goliat, que tambaleó el status quo de la liga que genera ingresos anuales por $15,000 millones de dólares.


After reviewing the play:

Pero, ¿qué es la encefalopatía traumática crónica ó CTE?, según la Clínica Mayo, es un trastorno cerebral degenerativo causado generalmente por golpes recurrentes en la cabeza cuyo diagnóstico se hace estudiando secciones del cerebro durante una autopsia; es decir es una condición que se diagnostica cuando el paciente ya murió. Sin embargo, se ha logrado asociar clínicamente con cambios drásticos de estado de ánimo y desgaste cognitivo, permitiendo reconocer los síntomas de algunos de estos pacientes. Aún hay mucho por comprender sobre esta novedosa condición, pero lo que sí sabemos es que se ha encontrado principalmente en jugadores de deportes de alto contacto, como el fútbol americano, el box y el hockey; y en soldados que hayan sufrido un trauma cerebral durante una explosión.


Safety:

Para algunos, la solución reside en el tipo de equipo de protección. Es decir, en robustecer el armazón sin alterar la verdadera causa. Es por ello, que la búsqueda de un mejor casco, que logre que este deporte sea menos riesgoso, tiene ocupados a investigadores como David Camarillo, candidato a postdoctorado de la Universidad de Stanford, quien siendo bio-ingeniero y ex jugador de americano, ideó en 2019 un casco con líquido en su interior, que en teoría absorbería el golpe y reduciría el riesgo de convulsiones en un 75%. Sin embargo, la protección no es absoluta, por lo que algunos especialistas temen que los avances de este tipo puedan ser contraproducentes; ya que al mejorar la tecnología, los jugadores se sentirían más confiados.


Incomplete pass:

Uno de los estudios más rigurosos sobre CTE, publicado en 2017, encontró que el 91% de los ex jugadores colegiales sufrían la condición, y aquellos que pertenecieron a la liga profesional la poseían más avanzada. Los hallazgos se hicieron luego de analizar 202 cerebros donados por las familias de jugadores ya fallecidos. Pero a pesar de estos duros resultados, es difícil extrapolar la información, ya que el estudio fue hecho en una muestra que no es representativa; en una muestra selectiva de casos que ya se sospechaban como positivos. Ahora, el verdadero reto yace en poder diagnosticar el CTE en etapas tempranas, antes de que el individuo tenga síntomas de degeneración neurológica y cambios en su personalidad; antes de que sea demasiado tarde.


Sideline:

Sorprendentemente, en un estudio publicado hace unos meses en la revista JAMA de Neurología, se reportó que los jugadores de futbol americano que han sufrido múltiples convulsiones, aumentaron la probabilidad de tener bajos niveles de testosterona y requerir tratamiento para la disfunción eréctil. En este interesante estudio, realizado en la Universidad de Harvard, participaron 3,409 individuos de 53 años de edad promedio con 7 temporadas jugadas (22% de ellos en línea ofensiva). Ante estos asombrosos hallazgos, los investigadores asumen que posiblemente las recurrentes lesiones en la cabeza dañaron la glándula pituitaria responsable de la producción de la hormona masculina. Una consecuencia más de estos impactos constantes.


Pass interference:

A pesar de que el fútbol americano, con gran tradición en Estados Unidos, sigue siendo el deporte de elección entre los jóvenes de secundaria y preparatoria, éste ha tenido una caída de 10% en la última década. Las razones son variadas, una de ellas es la preferencia de los adolescentes por los videojuegos; pero entre aquellos que siguen practicando actividad física, muchos han elegido el atletismo y el fútbol soccer. Algunos admiten su inquietud, o la de sus padres, por los posibles riesgos de jugar americano preparatoriano. Y claro que tienen razón de estar preocupados; según un estudio que evaluó las lesiones, en estudiantes pre-universitarios que practicaron basquetbol, hockey, lacrosse, lucha, fútbol soccer y fútbol americano, aquellos que participaron en el último, presentaron más del doble de lesiones de rodilla, tobillo, mano y cabeza que los que realizaron las otras disciplinas enumeradas.


Line-of-scrimmage:

Todo se reduce a un tema básico de física. Donde el casco debe absorber el golpe de un jugador de aproximadamente 140 kilogramos que corre una distancia de 40 yardas en 5 segundos para impactarse contra otro jugador. Segunda ley de Newton. Más aún, en un solo partido, un jugador recibe aproximadamente 62 impactos con 25.8 G de fuerza en promedio, que equivalen a estamparse 62 veces contra una pared, manejando un coche a 50 kilómetros por hora. Esto, en un solo juego; sin cinturón de seguridad ni bolsa de aire que proteja al cuerpo. Vale la pena resaltar que los expertos han concluido que el riesgo de desarrollar problemas neurológicos degenerativos y CTE aumenta con la cantidad de pequeños impactos que resultan en daños cerebrales; no tanto como consecuencia de las convulsiones mismas, como se pensaba en un inicio. Ahora, un jugador colegial o profesional, recibe entre 700 y 1,000 golpes en un año. Es un tema acumulativo, sin duda es un problema difícil de ignorar.


Offside:

Laboratorios en varias universidades, fábricas de cascos, y hasta el Departamento de Defensa de Estados Unidos han invertido en la última década más de $200 millones de dólares para mejorar el equipo de protección para el ejército y los jugadores de americano. Solamente la industria de estos cascos esta valuada en $140 millones de dólares. En noviembre pasado, la N.F.L. anunció que daría una beca de $2 millones de dólares para quien creara un mejor casco. Pero a pesar de todos los esfuerzos en investigación y desarrollo, los expertos coinciden, en que la mejor estrategia es evitar el golpe. La idea es reducir el riesgo. Sin embargo, para eliminarlo habría que cambiar las reglas del juego, ocasionando una contradicción; habría que quitarle al juego eso que lo hace adictivo y asombroso. Pero, la factura es real. Y por más que nos fascine ver todo lo que implica el espectáculo; los creativos anuncios durante los partidos y el maravilloso show de medio tiempo, debemos saber que los jugadores, con sus grandes habilidades; ésos que inspiran a tantos; íconos de fortaleza que logran las inalcanzables marcas, acortan su vida con cada golpe, cada pase, cada tacleada, con cada interferencia. Y nosotros, como espectadores pasivos de un encuentro entre gladiadores, aplaudimos, sabiendo, como sosteniendo una bola de cristal, cuál podría ser su destino. Pero no solo nosotros, ellos también lo saben.


Two minute warning:

A unos días del tan esperado evento deportivo, Super Bowl edición 54, que representa el cierre de temporada del deporte más visto en televisión en Estados Unidos; de la liga que celebra este año su centenario, me pregunto, ¿dónde esta la línea ética que sigue permitiendo que el juego continúe así? ¿Quién será el primero en pedir que las cosas sean diferentes, menos barbáricas? Y a pesar de que los adictos al fantasy football experimentan el poder de un coach, disociados en un mundo alterno; la realidad sí existe, y representa una situación que aparentemente es más cómodo no ver.


Final score:

Esto es el resultado de la lógica de la física, con las consecuencias de las matemáticas, sumando la fragilidad del cuerpo humano, aunado a la indiferencia del fan apasionado, expresado en signo de dólares. Todos estos factores en cada una de las meticulosas estratégicas jugadas. Un complejo enredo de cómplices.


Ahora sí, Super Bowl:

En algunas horas veremos a los Kansas City Chiefs vs. San Francisco 49ers: que gane lo mejor.

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